VENTURAS Y DESVENTURAS EN LA HABANA Crónica de un viaje inolvidable.


Una vía van a hacer

por medio la mar salada

para que embarquen los mozos

los mocitos pa´La Habana

Así empieza una vieja canción de quintos y así empezaré yo esta crónica que pretende concentrar en unas pocas líneas las intensas vivencias del periplo por las viejas Antillas españolas, un viaje que se nos hizo corto, tan solo diez días estuvimos en La Habana, son pocos días para conocer Cuba, de hecho en tiempos de esta canción no daban ni siquiera para llegar a la preciada colonia, aprovecho también para agradecer a todos aquellos que nos tendieron esta vía para embarcar para La Habana.

Comenzamos nuestras andanzas una fresca mañana septembrina donde tomamos el autobús que nos lleva a Barajas desde donde partimos a ultramar. Después de unas horitas de avión (que lástima que al final no construyeran la vía para poder haber hecho alguna parada en el medio de la mar salada) y disfrutando de alguna buena película y también de algún que otro bodrio llegamos en la tarde del jueves a La Habana que nos recibe con un clima tropical algo más templado que el que habíamos dejado atrás, todo iba viento en popa parecía que íbamos a abandonar rápidamente el aeropuerto pero ya en la salida se truncaron nuestros planes y algunos de nosotros tuvimos que pasar por control de equipaje y pudimos observar la lentitud de la burocracia cubana (bueno, no mucho más lenta que la española, al menos no tuvimos que volver al día siguiente), ante la duda de algunos compañeros sobre lo ilegal de nuestra mercancía sólo nos requisaron parte de nuestras viandas, preciada droga que pretendía aliviar nuestro mono por el embutido zamorano. Tras este pequeño infortunio nos dirigimos al hotel Sevilla donde nos acomodamos en unas aceptables habitaciones (unas más que otras) y salimos en busca de llevarnos algo a la boca, nuestro particular guía nos conduce hasta La Muralla donde disfrutamos de unos metros (si, si metros) de cerveza para aliviar la fatiga de tan largo viaje, mientras nos deleitamos con los sones cubanos.

El día siguiente visitamos el teatro en el que actuaremos y allí conocemos a la directiva de la Casa de Zamora, luego visitamos la Habana vieja e hicimos la visita de cortesía a ciertos garitos típicos de la zona como El Floridita y otros que ya no recuerdo (porqué será que después de una noche de fiesta sólo te acuerdas de lo primero que hiciste...) donde degustamos algunas de sus bebidas más populares, después de esto nos fuimos a comer, unos andando recto, otros andando zigzagueando y otros en sidecar, al centro castellano-leonés donde conocimos el concepto de comida rápida cubana y donde degustamos, entre otras cosas un puré de garbanzos que tanto saboreó Carlos, seguidamente el grupo alfa impartió el primer taller de baile, mientras el grupo beta (o jeta) disfrutó de un baño en la piscina una lluviosa tarde habanera, aguardando en el hotel a la inminente llegada de una compañera que disfrutó en el viaje de la compañía de varios artistas pacíficos y del follonero.

El sábado levanté temprano de la cama a mi ocasional compañera de habitación para ver amanecer en el Malecón y por allí andaba otro insomne compañero disfrutando de la compañía de madrugadores pescadores y rezagados trasnochadores, desayunamos temprano y nos vamos de excursión a Pinar del Río donde nos reunimos con una representación de la emigración zamorana en esa provincia y donde compartimos canciones y baile y despertamos la nostalgia y la añoranza de estas gentes al oír aquellas canciones que oyeron de boca de sus padres tantos años atrás. Después de endulzarnos la boca con los deliciosos postres que nos ofrecen nuestros espléndidos anfitriones, nos vamos a comer a un restaurante afro-cubano y desde allí partimos hacia Viñales donde admiramos las maravillas de la naturaleza tanto en el exterior como en el inframundo. Por la noche, ya de vuelta en La Habana cenamos de nuevo en La Muralla, esta vez sin la compañía del señohl gohldito, un delicioso pincho de langosta y camarones que no pudimos retener por mucho tiempo en nuestros estómagos.


El domingo con nuestros inestables intestinos nos dirigimos hacia las Playas del Este donde disfrutamos de una espléndida mañana de sol y calor, de vez en cuando alguna se esconde entre el follaje y las palmeras intentando ocultar lo que ya es evidente. Tras una liviana comida y con una inestabilidad creciente nos dirigimos, botellas de suero en mano, al Concierto por la Paz donde se fueron produciendo esporádicas retiradas y solo unos pocos de nuestros senior pudieron oír el recital completo y volvieron al hotel en procesión tras una turba de gente entonando el Cuéntame en versión cubana, el resto nos batimos en retirada poco antes y usando una maravilla de la ingeniería cubana, el coco-taxi con aire acondisoplado.

El lunes por la mañana acudimos al cementerio de Colón, que nadie se asuste, nuestros cuerpos resistieron estoicamente el embate diarreico y nuestra visita se debió a un acto de recuerdo en memoria de los emigrados zamoranos que finaron en aquella lejana isla. Tras un paseo por esta colosal necrópolis nos dirigimos al restaurante La Barca donde comenzaban las jornadas gastronómicas zamoranas dirigidas por el excepcional chef villalpandino Javier Vázquez que otro día nos deleitaría con su arte torero y flamenco. Después de comer unas alubias nos dirigimos al teatro de las cariátides en el Malecón para ofrecer al público allí congregado algunas de las piezas más conocidas del folclore zamorano ( y ya se sabe que alubias, calor y baile no son buenas compañeras, sino que se lo pregunten a la Tomasa). Esa noche cenamos pizza en un restaurante cercano al hotel y algunos nos fuimos a descansar para que al día siguiente pudieramos madrugar.

El martes parte del grupo beta se fue de excursión a Cayo Largo y pudo disfrutar de las paradisíacas playas caribeñas y del fantástico mundo que se esconde entre los corales, nada más que contar. Aunque nos tocaba taller pactamos con el grupo alfa que comprendió nuestros argumentos y se ofreció a dar ese día el taller a cambio de dar nosotros los dos restantes. En La Habana mientras tanto Jambrina y Madrid ofrecían un recital y daban buena cuenta de su profesionalidad y trayectoria. Por la noche nos fuimos todos al Malecón de botellón y viandas de nuestra tierra comimos en tierra extraña (que bien me sabe ese chorizo cuando se come lejos de España, lástima que no pude convidaros al chorizo de mi pueblo) con unos amigos cubanos que nos sorprendieron con sus destrezas en la música y el baile.

El miércoles por la mañana paseamos por La Habana, unos por la zona vieja y otros fuimos a la zona de El Morro en taxi (hago este inciso para contar una pequeña curiosidad y es que el La Habana vayas donde vayas en taxi te cobran seis pesos, da igual que te lleven a 500 metros que a 5000, el precio es siempre el mismo, eso si, sin taxímetro). Comimos de nuevo a La Barca y por la tarde dimos nuestro primer taller el grupo beta mientras otros se quedaban descansando en el hotel. Por la noche nos dividimos en dos grupos, unos se fueron la escuchar jazz a La zorra y el cuervo y otros nos fuimos de marcha a la casa de la música de Miramar que resultó ser un lugar de encuentro para turistas sexuales y claro ante esta impresión y después de pagar una generosa entrada a alguno de nosotros le dio un vuelco el corazón (y el estómago) y se cayó de bruces.

La mañana del jueves amaneció serena aunque no nuestros cuerpos, estaba prevista una visita a la provincia de Cienfuegos pero no todos pudimos asistir “O fortuna, velut luna statu variabilis” (que bien queda siempre un latinajo en estos escritos), así que mientras nuestros compañeros emprendían viaje algunos quedábamos postrados en la cama esperando la curación de nuestros males. A eso de la media mañana nuestros compañeros están llegando a su destino pero, ¡oh! fortuna, la guagua tiene un percance y queda varada a poca distancia de su destino, allí piden a un carretero que les deje subir al carro y este finalmente accede y les lleva al lugar donde les espera la representación de la emigración zamorana en la zona y pasan una maravillosa tarde cantando y bailando y más tarde se acercarán a Cienfuegos. Mientras tanto en La Habana nos vamos recuperando de nuestros males y a eso de media mañana nos hacemos una ruta en calesa por la Habana nueva, comemos y bebemos, bebemos y cenamos y volvemos a beber, ahora ya reencontrados con nuestros compañeros, unos disfrutando del jazz y otros de la salsa en la casa de la música de Galiano, esta más asequible que la de Miramar, mientras celebramos el cumpleaños de un compañero que envalentonado por su aniversario, bailará impecablemente la salsa.

El viernes había llegado y con él se aproximaba el retorno a nuestros orígenes, por la mañana visitamos el mercadillo y volvimos a recorrer la Habana vieja, comimos el grupo beta en La Bodeguita del Medio y fuimos a impartir nuestro último taller, no sin antes bebernos unos buenos guarapos de camino a la casa de Zamora. Tras el taller llegó la hora de celebrar la despedida ya que nuestros compañeros de fatigas, Pablo y Alberto nos abandonaban esa misma tarde, después de despedirnos, de todos los besos y abrazos y con gran congoja en el cuerpo nos fuimos de fiesta, unos alargaron más que otros...

Amanece un nuevo día en la vieja ciudad de La Habana, un funesto día en el que finalizamos nuestra estancia en La Habana. Esa mañana del sábado recorremos por última vez las calles de La Habana, compramos los últimos recuerdos para deshacernos de las últimas monedas que nos quedan y nos vamos a comer al Habana Libre a una multitudinaria comida que celebraba por adelantado la fiesta de La Hispanidad y en la que el grupo de danzas de la Casa de Castilla y León nos embelesa con sus actuaciones y donde también ofrecimos una pequeña muestra de nuestro folklore. Comimos lo que pudimos y con prisas nos vamos hacia el hotel para recoger nuestro equipaje y esperar el autobús que nos lleve al aeropuerto, hacemos la última visita a los aseos para prepararnos para tan largo viaje y esperamos al autobús que llega poco después y recoge a una parte del grupo, la otra parte se quedó a esperar a un segundo autobús que no llegaba y al final no tuvieron más remedio que coger un taxi que les llevara al aeropuerto donde un compañero les esperaba a la puerta indicándole a voces. Almorzamos en el aeropuerto y embarcamos hacia la metrópolis, donde arribamos el domingo a la hora de misa mayor, recogemos las boinas en consigna y subimos al autobús con unos inesperados compañeros que nos acompañarán hasta Zamora.

Y así acaba este breve diario sobre nuestro peregrinaje por esa lejana isla caribeña.

Lo bueno del viaje, la mayor parte, la gente que nos recibió con los brazos abiertos, los socios de la Casa de Zamora en La Habana que se desvivieron por nosotros, Claudia y su familia que tan bien se han portado con nosotros y de los cuales debido a las prisas de última hora no pudimos despedir como se merecían. También La Habana, sus calles, sus gentes, sus escenas. La música, los mojitos, la Bucanero y los refrescos de la casa Ciego Montero y tantas y tantas cosas que me quedan por decir.

Lo peor, lo corto que se me hizo el viaje, el jet lag , y como no mencionar aquí a nuestra inseparable compañera con la que aprendimos a convivir y que tantos reveses dio a nuestro estómago y que algunos incluso se trajeron para Zamora. También el trauma postvacacional y esa melancolía que se te queda en el cuerpo por todo lo que te ha quedado por hacer y que se convierte con el tiempo en algo bueno, en ansias por volver y sobre todo en la certeza de que algún día volveremos a esa vieja ciudad dormida...


Vale.

5 comentarios:

Manuel dijo...

Por cierto, si alguien se queda con ganas de seguir en interntet después de haber leído tan escueto texto, puede ojear el video que colgué en youtube.

Anónimo dijo...

¡muy chulo todo!Estais todos estupendos!

noe dijo...

Como siempre... un diez al narrador!
Creo que no se podia haber resumido mejor, enhorabuna Manolo!!!!

Anónimo dijo...

¿Pero ibas escribiendo un diario? Yo no me acordaría día a día con tanta precisión... Enhorabuena, me ha encantado.
Mañana regreso a tierras zamoranas, asi que nos veremos.
Sara B.

Anónimo dijo...

Hay Manuelín que recuerdos mas bonitos y que bien los escribes!! Y qué buena compañia todos vosotros para un viaje así, cada uno con nuestra pedradica en la cabeza, pero tan bien avenidos.
Elisa